El deseo del pajarito azul

el pajarito azul

Cuento de el deseo del pajarito azul

Había una vez un pajarito azul que vivía en un árbol que crecía en la cima de una montaña muy alta. Desde allí se podía ver el mar y se escuchaban las olas chocando contra las rocas. También se podía sentir la brisa marina, y contemplar el atardecer como nunca.

A pesar de tener la impresionante vista del mar desde su hogar y contar con el maravilloso don de poder volar, el pajarito azul no se sentía del todo feliz. Él tenía el sueño de aprender a nadar, así como los delfines que veía desde lo alto.

– ‘¡Cuánto me gustaría ser un pez!’

Estaba tan obsesionado con la idea de aprender a nadar que llegó un momento en que dejó de interesarle todo lo que le rodeaba. Dejó de comer y poco a poco se fue quedando flaco y débil. Su madre estaba muy preocupada, así que le advirtió:

– No puedes seguir así, querido hijo. Deberías divertirte con tus amigos, no todo el día en casa viendo el mar. Tú eres un pequeño pájaro y nunca podrás nadar.

El joven pajarito comenzó a sentirse más deprimido que nunca. En cuanto su mamá lo dejó solo, se puso a llorar desconsoladamente porque nadie lo comprendía.

De pronto, una gaviota pasó por allí y, al verlo llorar, se posó a su lado y le dio unas palmadas en el lomo.

– ¿Qué te pasa, pequeño?

El pajarito azul la miró y le dijo:

– ¿Ves el océano? ¿Ves lo cerca que está? Mi sueño es aprender a nadar como los peces.

– ¿Y por qué quieres nadar?

– Para surcar las olas, probar el agua salada, flotar boca arriba… ¡Hay muchas cosas que quiero hacer en el mar!

La gaviota sintió mucha lástima por él y se mantuvo en silencio durante unos segundos. Finalmente, le dijo.

– Ahora entiendo tu situación: eres un pájaro que quiere nadar y no puede nadar. ¿Cierto?

– Sí, y por eso yo…

– Escúchame bien: todos los seres del mundo somos valiosos, sin importar nuestro tamaño, pero también tenemos algunas limitaciones que debemos aceptar.  ¿Nunca has pensado eso?

– La verdad es que no.

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– Sólo tienes más que fijarte en los demás. ¡Mira hacia allá! ¿Ves ese grupo de humanos que pasean descalzos por la playa? ¡Todos dicen que son los seres más inteligentes del planeta Tierra! Tienen un cerebro tan desarrollado que son capaces de construir cohetes que van al espacio y llegan a la Luna, pero jamás podrán volar por sí mismos como nosotras las aves, ni correr tan rápido como los guepardos.

El pajarito azul se sentía fascinado por la explicación de la gaviota.

– Nosotros los animales también tenemos capacidades diferentes. Los peces saben mejor cómo es el mar, pero nunca conocerán el placer de comer una fruta. Los topos pueden excavar túneles muy largos, pero están condenados a vivir bajo tierra. Pero tú puedes comer  fruta fresca y disfrutar de las flores.

El pajarito empezaba a comprender lo que la gaviota le explicaba. Sus palabras hicieron que por primera vez en mucho tiempo el pajarito empezó a sentirse afortunado de ser como era.

– ¡Tienes razón! La naturaleza ha sido generosa conmigo  y por ser muy testaruda me estoy perdiendo muchas cosas valiosas.

– ¡Me alegra que hayas entendido! Tú, por ejemplo, tienes un canto muy bonito. En la escuela de música que hay junto a la cascada imparten clases de canto. Podrías recibir lecciones un par de días por semana  y entrar a formar parte de algún coro.

– Es una gran idea ¡Quizá pueda llegar a ser un gran tenor!

La gaviota se alegró al ver que el pajarito azul ya estaba sintiéndose mejor.

– ¡Muy bien, amigo! Pero hay una cosa más que debes aprender hoy.

El pajarito azul la miró intrigado.

– ¿Qué debo aprender, amiga gaviota?

– Ya has entendido que debes aceptar tus limitaciones, ¿verdad?

– Sí, gracias a ti.

– Y sabes que nunca podrás bañarte en el océano, ¿verdad?

– Sí, me ha quedado claro.

– Muy bien, veo que eres muy inteligente, pero…

– ¡¿Pero qué?!…

– ¡Yo me refería a que no podrás hacerlo tú solo!

– ¿Cómo?… ¿Qué insinúas?…

– ¡Ven conmigo, súbete a  mi lomo!

Sin pensarlo saltó sobre la gaviota y se fueron juntas a vivir una aventura.

Cuando su amiga tomó velocidad y empezó a volar montaña  abajo, el pajarito azul empezó a gritar de la emoción:

– ¡Ahhhhh!… ¡Uhhhhhh! … ¡Esto es muy divertido!

Cuando se dio cuenta, ya estaban sobrevolando el mar y respirando el fuerte aroma a sal.

¡El pajarito azul estaba muy emocionado!

– ¡Yupi!… ¡Yupi!…  ¡Esto es genial!

Cuando parecía que el viaje estaba terminando, la gaviota se zambulló dentro del agua y buceó unos segundos para que su pequeño amigo disfrutara del fondo del mar.

El pequeño pajarito había cumplido su sueño gracias a la generosa gaviota. Cuando regresaron al nido, la abrazó muy fuerte.

– ¡He esperado este momento toda mi vida! ¡Muchas gracias por lo que acabas de hacer por mí!

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– ¡No te preocupes. No hay nada que agradecer! Pero ya debo irme. Si algún día deseas bajar hasta el mar, silba fuerte y vendré por ti, ¿de acuerdo, amiguito?

– ¡Así lo haré!

Sin decir nada más, la gaviota se fue volando.  Mientras se alejaba, el pajarito azul notó cómo la felicidad volvía a su vida, esta vez para siempre.

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