El molino mágico

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El Molino Mágico

El molino magico es un cuento clásico muy leído por grandes y pequeños en muchas generaciones y que gusta mucho por la mágia que lleva en su história, vamos a leerla.

Hay una antigua leyenda que cuenta que, hace muchos años, vivía en un país de Europa un hombre que se dedicaba a recorrer el mundo en un barco muy viejo.

Era un capitán valiente y estaba acostumbrado a enfrentarse a los climas más temibles. Aunque era un buen hombre, también era muy ambicioso y le encantaba el dinero en grandes cantidades. Cuanto más dinero tuviera, mejor.

En cada uno de sus viajes transportaba mercancías que luego vendía en diferentes puertos del mundo.

Cuando recibía el dinero, le pagaba a los marineros de su tripulación y guardaba sus ganancias en su camarote. Lleno de alegría, tomaba el timón y se dirigía a un nuevo destino.

Una vez, llegó a un importante puerto de Noruega donde había muchos comerciantes vendiendo pescado muy fresco.  

El capitán sintió que podía haber una buena oportunidad de hacer negocio con algún comerciante, así que decidió recorrer el puerto.

Mientras paseaba, observó que un anciano barbudo y con un sombrero de lana grande, vendía unos enormes bloques de sal. Inmediatamente, el capitán se acercó y los compró todos, ya que no eran caros.

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Los bloques eran muy pesados y sabía que tardaría un par de horas en llevarlos hasta su embarcación, pero el inteligente capitán también sabía que el esfuerzo merecía la pena ya que, en otros países, los bloques de sal costaban mucho dinero y los podía vender sin problema.

Cuando terminaron de guardar los bloques de sal en el barco, soltó amarras y, junto a su tripulación, partieron hacia el sur. Era de noche y las estrellas le servían de guía. El mar estaba muy calmado.

El capitán pensó que sería una noche perfecta, pero de pronto aparecieron unas enormes nubes negras y estalló una terrible tormenta con fuertes truenos y relámpagos. La lluvia era tan fuerte que empezó a inundar el barco y la fuerza de las olas les impidía mantener el barco a flote.

Con mucha suerte, consiguieron navegar hasta una isla pequeña con la intención de esperar hasta que la tormenta cesara. El capitán y los marineros atravesaron la playa y se adentraron en un pequeño bosque buscando una cueva para refugiarse.

Pero ninguno estaba preparado para lo que iban a encontrar. Un misterioso sonido llamó su atencion y se escondieron tras una gran roca.

Lo que vieron fue algo verdaderamente inesperado: en un claro entre la espesa vegetación, había un mago que manejaba una máquina muy extraña. El capitán y los marineros nunca habían visto algo parecido.

Decidieron ver un poco más y descubrieron que se trataba de un gran artilugio que trituraba piedras sin que hiciera falta tocarlo. El mago sólo necesitaba decir unas palabras para que la máquina comenzara a trabajar:

– ¡Muele que te muele! ¡Muele que te muele! ¡Muele que te muele!

Los hombres estaban asombrados con lo que habían visto. Nunca habían presenciado un artefacto mágico que trabajaba cuando una voz se lo ordenaba.

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Pero la ambición del capitán era muy grande y se empeñó en que ese molino de piedras debía ser suyo. Le indicó a los marineros que guardaran silencio y les pidió que no se movieran para no ser descubiertos.

Pasó un largo rato. Todo el grupo permaneció quieto observando hasta que, finalmente, el hechicero acabó de moler la última piedra, tomó el saco y se fue.

El capitán y los marineros se apresuraron en tomar el molino para robarlo y lo transportaron sigilosamente hasta el barco.  Ya había amanecido y el sol volvía a alumbrar toda la isla.

Cuando comenzaron a alejarse de la costa, el capitán se dio cuenta de que podía moler los gigantescos bloques de sal que había comprado en el puerto de Noruega y venderla en sacos pequeños. Sabía que se haría muy rico con esa gran idea.

Colocaron la máquina en la bodega  y metieron dentro los bloques de sal. El capitán mandó a todo el mundo fuera para poder quedarse a solas con el molino y comenzó a gritar:

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– ¡Muele que te muele! ¡Muele que te muele! ¡Muele que te muele!

En seguida, los grandes bloques empezaron  a desmenuzarse y se convirtieron en  millones de granos finos, más pequeños que los de la arena de la playa, gracias al molino.

Todo estaba saliendo bien, hasta que el capitán se percató de la potencia de la máquina y, en cuestión de minutos, la sal comenzó a esparcirse por toda la bodega hasta salir por la puerta.

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Invadió la cubierta de la nave y, asustadísimo, el capitán quiso parar el molino, pero no sabía cómo hacerlo. La situación se había salido de control a consecuencia del molino.

La sal se desparramaba por todas partes y estaba a punto de llegar a la cima del mástil que sostenía la bandera. Debido al peso, el barco comenzó a hundirse. Los desesperados marineros y el capitán no tuvieron otra opción que saltar al agua para intentar salvar sus vidas.

Tuvieron la suerte de conseguir una costa cercana y llegar hasta ella nadando. Desde la orilla, los agotados hombres vieron con mucha tristeza cómo el barco y el molino se hundía para siempre en el profundo y oscuro océano.

La leyenda dice que el molino mágico continúa moliendo la sal dentro de los restos hundidos del barco y que por eso todos los océanos y mares del mundo son salados, aquí tienes mas información.

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