La Sirenita

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La Sirenita

El Cuento de la Sirenita

En esta ocasión les presentamos el cuento de la Sirenita, un clasico que seguramente te va a encantar como le ha gustado a millones de personas al rededor del mundo.

Érase una vez un pueblo noble y pacífico, que vivía en las profundidades del mar. Una misteriosa civilización de seres de gran cultura, ubicada cerca de los arrecifes de coral.

Los pobladores del mar eran muy parecidos a nosotros los humanos, sin embargo, en lugar de piernas tenían unas hermosas aletas de colores brillantes, que les permitían nadar y desplazarse.

La civilización del mar tenía como soberano al rey Tritón, un líder sabio, respetado por sus decisiones y amado por sus buenas acciones. El rey tenía entre sus tesoros más preciados a seis hermosas hijas, que como estás pensando, eran todas sirenas.

La sirenita Ariel

Las primeras cinco eran felices de vivir en el mar y pasaban el día en actividades de la comunidad y cuidando de peces, pulpos y ballenas. Mientras que la inquieta princesa Ariel, que era la más joven, quería conocer el mundo de los humanos.

Para esta población, los humanos representaban un gran misterio y una terrible amenaza para los seres del mar.

Estos habitantes del reino, no podían entender porqué los humanos tenían dos piernas, cómo se sostenían con ellas y podían vivir fuera del agua. Todo este misterio que rodeaba a los humanos, despertó curiosidad entre los jóvenes que se cuestionaban acerca de cuál raza tenía más cualidades y más desventajas.

El rey Tritón era justo pero severo en cuanto al tema de los humanos, no admitía un contacto directo con ellos, más sin embargo, los jóvenes tenían permiso, sólo una vez en la vida, para satisfacer la curiosidad por los humanos y regresar convencidos de las maravillas del mundo marino.

El día del cumpleaños número 18, los jóvenes del mar podían ir a la superficie y conocer el mundo en tierra firme. Ariel brincaba de alegría, pues por fin había llegado el momento mágico que esperaba, para conocer otros lugares.

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La Sirenita

Ariel sabía de memoria las historias de sus hermanas: la mayor había ido a una fiesta junto al mar, la mediana había visto a dos jóvenes casándose en un barco, la tercera había escalado en invierno en medio de témpanos de hielo y animales rarísimos como focas y pingüinos, la cuarta hermana había visitado los países del Este y la quinta, un poco mayor que Ariel, había visitado las costas habitadas por animales salvajes.

Había llegado su turno y no dormía de la impaciencia.

La sirenita eligió visitar una pequeña ciudad pesquera, donde vivía una gran cantidad de personas que trabajaban en las actividades comerciales del puerto.

Se podían visitar cientos de puestos, uno al lado del otro, con los techos fabricados con telas que se movían al son de la brisa marina. El sol era tan intenso que quemaba la piel y se podía escuchar todo el día una especie de murmullo generalizado, que se combinaba con el ruido de las gaviotas.

Ariel estaba asombrada, observaba cada detalle, aunque cuidándose de no sacar mucho la cabeza del agua. De pronto, escuchó el motor de un barco inmenso que pasó junto a ella.

Tuvo que hundir su cabeza en el agua, por la ola gigante que se había creado. Dio unas volteretas bajo el agua, enredada en un remolino, pero pudo zafarse gracias a sus perfectas aletas.

Sacó la cabeza de nuevo, esta vez un poco más tímida y todavía mareada. Vio al barco alejarse del puerto. Sobre él estaba el príncipe de ese país, que miraba hacia el mar con su perro entre sus brazos.

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La Sirenita

Ariel pensó que era el joven más hermoso que había visto. Entusiasmada siguió al barco y estuvo nadando tras él durante horas, hasta que salieron a mar abierto.

De pronto, Ariel vio como se desataba un terrible vendaval que destruía las velas del barco, y con ellas, un pilar del tamaño del tronco de un árbol golpeó al príncipe y cayó inconsciente por la borda, directamente al agua. Ninguno de los tripulantes del barco se dio cuenta de lo que le ocurría al príncipe.

Ariel no dudó un instante y nadó tan deprisa como pudo para agarrar al príncipe, aunque una vez que lo tuvo en brazos sintió cuanto pesaba y tuvo que hacer un gran esfuerzo para salvarlo.

Ariel se sentía muy agotada de tanto nadar con el príncipe a cuestas, decidió arrastrarlo hasta una pequeña isla que había a poca distancia del lugar donde ocurrió el accidente.

Esa isla era el lugar favorito de la joven sirenita, porque podía sentarse a pensar y a mirar las estrellas. Incluso, pasaban muchos barcos y así ella podía observar a los humanos.

Llegaron a la isla y Ariel tendió al príncipe en la arena. Pasó un buen rato mirando a ese hombre de pelo oscuro, tenía una expresión inocente en su rostro. Se lo imaginaba como un buen ser humano. Sin darse cuenta, se estaba enamorando de él.

Pero sería muy extraño ver a una sirena casada con un humano, ¿no crees?

Su padre era el rey Tritón. Él tenía leyes muy estrictas, entre las que prohibía el acercarse a los humanos, salvo el día del cumpleaños número 18. Así que su deber era dejar allí al príncipe y no volver a verlo jamás. Al menos lo había salvado de morir.

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Sirenita

Lo abrazó con fuerza y sintió que el pecho se movía tomando aire. Empezó a hacer ruidos extraños y a abrir la boca como un pez fuera del agua. El príncipe se levantó y de su boca salió un chorro de agua, mientras respiraba con dificultad y se apretaba el pecho, como si le estuviera doliendo.

Ariel, muerta de miedo, se tiró de cabeza al agua y nadó rápidamente hasta volver a su reino.

Los días pasaban y la sirenita estaba cada vez más pensativa, sentía que volver a ver al príncipe era una tarea imposible.

En una de las regiones más solitarias y oscuras del reino, había una bruja con cuerpo de pulpo; todos le temían por sus poderes para hacer encantamientos y actos malvados con la magia. Ariel también desconfiaba de esta bruja tan extraña, pero algo le decía que ella podía ayudarla.

Así que fue al abismo dónde estaba la bruja, pasando por delante de los monstruos marinos que protegían la morada.

La bruja la escuchó con cierto descuido y cuando terminó, clavó con maldad sus ojos morados en los de Ariel. Tenía el plan perfecto para ayudarla y dijo con una amarga voz:

– Tú más que nadie conoce las leyes de las criaturas del mar. Una de ellas dice que no podemos amar a un humano, a menos que hagamos inmensos sacrificios.

Puedo hacerte un hechizo, pero tendrás que pagarme con tu dulce voz. Si estás de acuerdo con eso, debes saber entonces que si tu príncipe no está enamorado de ti, no sobrevivirás fuera del agua y te derretirás como la nieve. Tu decides si te gusta la oferta o no. 

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Children’s zodiac. The zodiac sign Pisces. Cute little mermaid. Vector.

La sirenita aceptó el trato y perdió la voz inmediatamente. Salió a la superficie y nadó hasta la playa donde había dejado al príncipe, bebió el líquido mágico que la bruja le había dado y después de hacerlo sintió un dolor de cabeza tan fuerte que se desmayó.

Cuando recobró la consciencia, su hermosa cola de pez se había convertido en dos piernas piernas humanas.

Tambaleándose, Ariel se puso de pie, pero a cada paso que daba, se caía al suelo, todavía no estaba acostumbrada a usar sus piernas. Se sentía como un bebé. Mientras tanto, el príncipe caminaba por la playa buscando a la persona que lo había salvado, cuando de repente vio a Ariel y se sintió enamorado.

La sirenita ya no podía hablar así que no sabía cómo conquistar el amor del príncipe. Pero cuando se vieron por primera vez, entendió que las palabras no harían falta. Ambos se dieron un largo abrazo y el príncipe le dio las gracias por haberle salvado la vida.

El príncipe la llevó al palacio y le mostró todo su reino. Pasaban el día juntos, se hicieron grandes amigos, él hablaba y hablaba sin parar, ella solo reía sin poder hacer un solo sonido. Lo cual la hacía sentir triste e incompleta.

Un día, Ariel escuchó que el príncipe estaba dicutiendo con su padre el rey. No sabía que pasaba y se asomó para ver hacia el salón principal. En la mesa del comedor estaba el anciano rey, y de pie frente a él, el príncipe enfurecido gritaba:

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– ¡Pero padre, no quiero casarme. Estoy enamorado de la chica que me ayudó cuando tuve el naufragio, sólo la amo a ella! ¡Si me caso, será con ella, no con alguien que no conozco!

La sirenita estaba asustada, pero se sentía feliz de saber que el príncipe la amaba de verdad.

Llegó el día en que la hija de un rey vecino vino a comprometerse con el príncipe.

Los reyes habían tratado de evitar la boda de Ariel y el príncipe por todos los medios, pero nada había funcionado. El rey decía que se debía casar con una princesa y no con una desconocida. 

Hubo exageradas celebraciones por el compromiso de los dos príncipes y lo más triste era que la sirenita había sido invitada a la boda, pero estaba tan triste que solo podía mirar al mar.

En poco tiempo el hechizo iba a deshacerse y volvería al mar. De pronto, vio a sus hermanas saliendo de las olas, Ariel se sorprendió muchísimo de verlas pero había algo distinto en ellas: todas se habían cortado el cabello.

– Hablamos con la bruja. Le dimos nuestro cabello a cambio de tu voz. Debes pronunciar las palabras exactas a la persona correcta. Estas palabras deber salir de tu corazón.

Si él las oye, podrás hablar de nuevo y conservarás tu aspecto humano. Si no, tendrás que volver al mar de inmediato, o te convertirás en espuma y no te volveremos a ver.

Ariel corrió por todo el palacio en busca de su príncipe y lo encontró sentado llorando antes de la ceremonia. No lo dudó ni un segundo, se lanzó sobre él y le dijo lo que estaba en su corazón.

– Te amo, con toda mi alma.

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Ambos se abrazaron llenos de amor y felicidad y, de repente, Ariel comenzó a brillar más fuerte que la luna. Mientras tanto, la princesa con la que se iba a casar el príncipe, aprovechó la confusión de los invitados para salir corriendo y huir del palacio. Ella tampoco quería casarse obligada. 

Los reyes y los invitados, miraron sorprendidos como en el mar, un hombre enorme, mitad hombre y mitad pez, aparecía con una brillante corona y un reluciente cetro en forma de tridente. Era el rey Tritón.

Los dos reyes, por el amor que le tenían a sus hijos, estaban obligados a entenderse, para obtener la paz. Así que decidieron dar la bendición y aceptar el amor que Ariel y el príncipe se tenían.

Se celebró una gran boda en la que acudieron invitados del reino del mar y del reino de la tierra, y los dos príncipes pudieron vivir tranquilos y felices para siempre. Si quieres conocer la historia del autor y detalles del cuento de la Sirenita, te dejo un link de la pagina de wikipedia

Te invitamos a que sigas disfrutando de nuestros cuentos favoritos y seguramente has escuchado o leído La Liebre y la tortuga

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