Ricitos de Oro

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Ricitos de Oro

En un Pueblo cercano vivía una niña de lindos cabellos dorados, ojos azules, mejillas rosadas y muy alegre, quien era muy curiosa e inquieta y los pueblerinos la llamaban Ricitos de Oro.

En las laderas de una colina había una casa muy linda de elevados techos rojos, llamativas cortinas en sus ventanas, tenía bonitas macetas llenas de flores y aquí vivían tres alegres y nobles ositos, Papá, Mamá y Osito, ellos eran amantes de los paseos de las tardes, con frecuencia salían a caminar y a contemplar la frescura de la pradera y la puesta del Sol, esa tarde no fue diferente, los tres ositos salieron a su paseo diario.

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En ese mismo momento caminando por la pradera Ricitos de Oro tomó un camino distinto al habitual de pronto visualizó una hermosa casa y acercándose comenzó a detallar los finos toques de color que tenía, todo le llamaba la atención.

Ricitos de oro y los 3 osos

Ricitos de Oro quien era tan curiosa se asomó por la ventana de la casa le llamó la atención la mesa que estaba puesta, con un hermoso mantel y sobre ella tres platos de distintos tamaños, la niña ya tenía hambre y pues decidió entrar de todos modos la puerta estaba abierta.

Pasando por la mesa decidió probar la sopa del plato grande, pero estaba muy caliente; probo luego la del plato mediano, pero esa estaba muy fría y por último probo la del plato pequeño estaba como le gustaba y definitivamente se la comió toda.

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En el estar de la sala habían tres sillas de tres tamaños diferentes, ¿Qué lindas sillas serán cómodas? Dijo Ricitos de Oro, para comprobarlo intentó montarse en la silla más grande pero no lo logró y se veía áspera, probó la mediana y sintió que era muy dura e incómoda, y al sentarse en la pequeña la encontró confortable, pero era tan pequeña que no resistió el peso de la niña y se rompió.

Ricitos de Oro estaba cansada por la caminata y más la sopa que se había comido le provocó sueño, por lo que decidió ir a la habitación, y como los demás espacios de la casa el cuarto era muy acogedor, las camas están vestidas con lindas sabanas, enseguida la niña se acercó a la cama grande le costó subirse pero lo logro era demasiado ancha, de un brincó se lanzó a la cama mediana la cual era muy blanda tanto que casi se hunde entre las sabanas, bajándose vio la cama pequeña donde se acostó y se sintió confortable tanto que se durmió al solo colocar la cabeza en la almohada.

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Luego de unos minutos llegaron los ositos a la casa y su sorpresa fue que estaba súper desordenada, las sopas que eran para sus cenas habían sido probadas y la del pequeño había sido devorada, también sus sillas fueron usadas y la del pequeño destruida, asombrados y asustados se dirigieron al dormitorio para ver que conseguían, la puerta de la habitación estaba medio abierta, Papa abrió suavemente y vieron una niña dormida en la cama del osito.

Osito muy molesto gritó ¡Quien eres tú y porque está en mi cama! ¡De paso rompiste mi silla y te tomaste toda mi sopa!, el ruido despertó a Ricitos de Oro al ver los Osos observándola con caras de enojo, se asustó muchísimo, se paró de un solo brincó.

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Pidiendo disculpas con sonrisas entre dientes con su gran susto salto por la ventana del cuarto y una vez en el jardín de la casa salió corriendo sin detenerse hasta llegar al pueblo, descanso por un solo instante y siguió corriendo directamente a casa, en la sala estaba su madre arreglando unos lindos lirios en el jarrón de la mesa.

Ricitos de Oro llego tan asustada y sin aliento que no podía ni hablar, su mama la veía con la inquietud de que su hija le había pasado algo, y la niña sin medir palabras contó todo lo que le había sucedido.

Mamá de Ricitos de Oro solo le dijo: ¡Pequeña esta lección te enseñara a que las cosas ajenas no se deben tomar sin permiso y que no debes de curiosear en las cosas de los demás porque es peligroso!, ¡Te prometo que nunca más lo haré! respondió Ricitos de Oro. Y colorín colorado este cuento se ha terminado. Más de éste cuento en el enlace.

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